Y ya está la mesa servida, la carta yace sobre el mantel esperando ser retirada como es de costumbre, el ánimo no era el mejor, pero tampoco era el peor. Respiraban y exhalaban tibio como les era de costumbre, no querían recibir nada de extraños, su clásico restaurant italiano no lo cambiaban por ninguno. Era la tipica costumbre del aristócrata engreído y déspota de respeto.
¿Y que reclamaba el distinguido señor? Respeto, sin duda, lo que un empresario ingería para saciarse sicológicamente. El empleado sin adivinar las intenciones del ricachón, humildemente preguntó que sucedía, claro prepotente como siempre desenrollo su ira sobre el inocente sirviente. ¡ A caso no sabes que detesto comer si la carta no es retirada de mi reservada mesa, por la cual pago lo que tú no ganarías ni en un año de remuneración! Hidalgamente el joven regañado se retiro de la mesa con un tímido "perdón" y con la carta entre sus manos.
¿De qué estamos hablando?
Quizas de "Insípidos al sentir y anhelantes de poder"
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