lunes, 1 de febrero de 2010

Receta para sentir los recuerdos?

Y hoy me siento a escribir, con ganas quizás, pero artificialmente diseñadas para no aburrir.
Supe que ya no era el mismo de antes, mientras, escuchaba aquellas frases dando vueltas sobre mi cabeza... No existía un"por qué" todo giraba entorno a mi imaginación y no quera abdicar a dicho momento, pues nunca renunciaría al pensar.
Sentía el fluir de cada idea como si el agua corriera sobre mis pies, y a ratos, ya me tropezaba con las redondas piedras de aquel río ,que por suerte, sin dificultadas rememoro. Buscaba algún equilibrio para no caer, divino caudal, la corriente a instantes era mas fuerte y me proponía constantemente cogerme de las ramas que sobresalían del viejo aromo, árbol que derramaba primavera sobre los peces. Nunca me fue difícil imaginar aquel lugar, los vestigios siempre estaban en primera fila. Oía el cantar de pajaritos fugaces, sentía la vaga presencia del zorro durante la noche, y hacían así mi naturaleza perfecta.
Pero a mi me gustaba ser diferente, no me gustaba tanto recordar, quería sentirme parte de los recuerdos que eran intangibles, y que parecían próximos....

domingo, 31 de enero de 2010

La maquina que hace olvidar.

Y el silencio era fugaz, a ratos desaparecía y a momentos gemia con el respirar del señor sofisticado, cada treinta y cuatro segundos caía una gota de sudor sobre el cenicero y no se interesaba por tomar un pañuelo y secar su acuosa y salada frente. El reloj no se escuchaba, por lo tanto el señor imaginaba el sonido en su mente y contaba su tiempo con tanto detalle, como cuando le gustaba dibujar esas pinturas que solía llamarlas "arte abstracto". Ya no le interesaba la cultura ni nada de eso, solo se preocupaba de mantener encendido y con batería su IpodTouch para incertarse en el virtualismo que le otorgaba su aparatito. No oía noticias, no leía el periódico, y descaradamente acostumbraba hablar de política y criticar el sistema.
Era como el hombre light, vago, sin razonamiento, pocos sentimientosy si conseguía sentir algo eso era el odiar cuando no había energía y se estancaba en su aburrimiento.
No creía en nada mas que en el poder del dinero y su aficion por ser feliz momentáneamente, cuando la tecnología lo lograba cautivar otra vez con esos finos y "fantásticos" aparatos qe cada vez era mas tentadores. Y mientras consumía, sus padre sobrevivían a duras penas con las escasas pensiones estatales, nunca le importaron sus padres, solo en el momento para pedirles el dinero de la costosa carrera universitaria de "arquitectura".

Sus cuervos, sus ideas

Estoy harto del privilegio del poder, insignificantes papeles teñidos de corrupción, y la tonta valoración correspondiente. Un momento al espectar tanta irrealidad hasta lo odiamos y quisieramos tener para todos. ¿Para qué? ¿Para tener mas idolatras la tristeza?

Y mientras habla la cancion de desigualdad, nos creemos dueños de los cambios y de la perfección, pero, y.., ¿que tan lejos estamos de aquello? . Lo bastante, como para decir que la voluntad gira un tanto desproporcionada al actuar. No somos dueños ni de cambios ni de destinos. Solo somos dueños de ser mas agradable, al tacto quizas, pero en primer plano consideraría un agrado al sentir.
Enredemosnos en dudas y la tecnología seguira atravesando montañas e inhóspitos lugares.
Engañemosnos creyendo en el sistema y pronto seremos sedientos del momentum.

Y...¿ quien esta a la cabeza del macabro plan?
Cuervos anhelantes de querer ser oídos con sus ideas.

viernes, 29 de enero de 2010

Como bichos gordos

Y ya está la mesa servida, la carta yace sobre el mantel esperando ser retirada como es de costumbre, el ánimo no era el mejor, pero tampoco era el peor. Respiraban y exhalaban tibio como les era de costumbre, no querían recibir nada de extraños, su clásico restaurant italiano no lo cambiaban por ninguno. Era la tipica costumbre del aristócrata engreído y déspota de respeto.
¿Y que reclamaba el distinguido señor? Respeto, sin duda, lo que un empresario ingería para saciarse sicológicamente. El empleado sin adivinar las intenciones del ricachón, humildemente preguntó que sucedía, claro prepotente como siempre desenrollo su ira sobre el inocente sirviente. ¡ A caso no sabes que detesto comer si la carta no es retirada de mi reservada mesa, por la cual pago lo que tú no ganarías ni en un año de remuneración! Hidalgamente el joven regañado se retiro de la mesa con un tímido "perdón" y con la carta entre sus manos.

¿De qué estamos hablando?
Quizas de "Insípidos al sentir y anhelantes de poder"